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Familia y amigos   El viaje de Célia

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El viaje de Célia

El viaje de Célia

Una adolescente de 14 años con una alergia alimentaria severa se embarca en un viaje internacional con el programa Erasmus+

 

Como dicen sus profesores, una semana fuera de casa formando parte de un proyecto de intercambio en Lituania con el proyecto Erasmus no es en sí­ mismo algo "demasiado particular". Este tipo de programas de desarrollan en muchos centros españoles en colaboración con otros centros europeos y son cientos los alumnos que los acogen con ilusión y con entusiasmo cada curso escolar. Para cualquier estudiante de segundo de la ESO esto serí­a una experiencia de aprendizaje inolvidable, pero para Célia Ginestá, la protagonista de esta historia de superación, era y fue algo mucho más particular que eso. También lo fue para sus profesores y para sus padres, para los coordinadores del proyecto y la familia de acogida. Porque todos ellos, en equipo, tuvieron que enfrentarse a un reto enorme, venciendo miedos y superando barreras, volcándose para que el viaje de Célia fuera seguro y su alergia alimentaria pasara a un segundo plano en toda esta experiencia.

 

Célia tiene 14 años y estudia en el Instituto de Aubenç de Oliana (Lleida), muy cerca de Andorra. Célia es extremadamente alérgica a la proteí­na de la leche de vaca, con un alto riesgo de sufrir edema de glotis y shock anafiláctico si entra en contacto incluso con trazas del alimento. Célia es muy buena estudiante, aplicada y perseverante, tanto que fue elegida entre otros muchos alumnos por sus cualidades académicas para formar parte del  programa Erasmus+ de intercambio. Célia estaba entusiasmada con el proyecto, pero conocí­a sus limitaciones y antes de ser elegida, según cuentan sus padres, "llegó a llorar porque pensaba que la descartarí­an por su alergia". Pero no fue así­. La seleccionaron para el programa por sus méritos y cualidades. Cuando sus padres conocieron la noticia sintieron una mezcla de alegrí­a, orgullo, pero también miedo, mucho miedo. Pensaban:"¿Qué haces como padre? ¿Le dices que es muy complicado y que como es alérgica no puede ir?".El reto era claro: Célia tendrí­a que pasar una semana sola fuera de casa, comiendo en un entorno desconocido, a miles de kilómetros de su hogar y del control de su familia. A sus padres aquello, como es lógico, se les hací­a una montaña. Pero lo pensaron y decidieron apoyarla al 100% en esta aventura.

 

La preparación

"Todos estábamos muy nerviosos", explica Toni Ginestá, padre de Célia. Para apaciguar esos nervios y abordar la experiencia decidieron buscarse dos grandes aliadas: Confianza e Información. Esta última sobre todo: información, información y más información. Que todos conocieran la problemática, que tanto el centro de acogida como la familia supieran cómo afrontar una reacción, qué podrí­a comer y qué no... muchos detalles, muchos datos, pero todo era poco para que Célia viajase con plena seguridad.

 "Nos reunimos con el profesorado para intercambiar información y dar consejos. Se prepararon los informes del pediatra, se tradujeron los contenidos al inglés para que no hubiera barreras idiomáticas en Lituania, repasamos los protocolos de actuación en caso de sufrir una crisis e incluso hicimos listados con los alimentos que puede y no puede comer", explica Toni.

 Y con todo ese trabajo previo realizado y con la tremenda madurez de Célia como base fundamental, emprendieron la aventura. Mucha comida casera preparada con antelación distribuida en 3 maletas distintas, medicación doblada y tres inyecciones de adrenalina  acompañarí­an a Célia durante todo su viaje hacia Lituania.

 

El viaje

Célia cogió en mayo de 2017 un avión, por primera vez en su vida y asistió durante una semana a clases en el Instituto ViltiesPagrindineMokykla de Paneverzys, realizó múltiples talleres, visitó museos, aprendió algo de lituano, hizo pan de centeno con sus propias manos, paseó por un bosque de Anyksciai, y bailó y cantó canciones populares absorbiendo parte del folklore local.

Las comidas durante su estancia estuvieron siempre controladas. Ella misma se cocinaba por las noches en su casa de acogida lo que iba a comer al día siguiente o recurría a la comida que traí­a de España. En la escuela donde se desarrollaban las clases visitó junto con un profesor la cocina y, como ella misma dice "No me fié de lo que cocinaban y cogí­ la comida que llevaba en la mochila". Célia no se separaba de su mochila, y siempre llevaba una alternativa para comer en ella. En una ocasión visitaron un restaurante donde se serví­a la carta con información sobre alérgenos, pero Célia no vio las cosas claras y "decidí­ pedirme un plato muy simple, una ensalada que llevaba tomate, lechuga y atún. Las chicas que me acogÃían avisaron a los camareros de que los utensilios de cocina tení­an que estar bien limpios y me pude comer la ensalada sin ningún problema".  

La madurez de Célia la ayudó en su viaje y los consejos que sus padres le habí­an dado, junto con el apoyo de las personas que la acompañaban le sirvieron en todo momento para tomar las decisiones correctas y más seguras para su alergia.

 "Acordamos que Celia enviarí­a un WhatsApp después de cada comida al grupo familiar, explicando qué comí y si todo iba bien. Ese sistema nos funcioná muy bien y nos dio tranquilidad durante la semana", explica su padre.

 Célia disfrutó de una semana muy intensa, tanto, que en la despedida dice que "se nos saltaron a todos las lágrimas, fueron muchas emociones y abrazos. Sólo añoré a mi familia el segundo dÃía al levantarme, luego me sentí como en casa", reconoce.

 

Un antes y un después

Los profesores del Instituto de Célia destacan la experiencia vivida como docentes como "una gran oportunidad y un profundo aprendizaje". Subrayan también la importancia de la coordinación con la familia, con los centros implicados, la información facilitada antes de la partida por el pediatra de Célia y el apoyo de AEPNAA, Asociación Española de Personas con Alergia a Alimentos y Látex. "Consideramos que la clave del éxito del viaje ha sido la documentación y preparación previa, así­ como la prevención, la transparencia y la confianza", destaca el profesorado en primera persona.

 Los padres de Célia lo tienen muy claro:"La semana fue larga, pero al final Célia bajó del autobús con una sonrisa espectacular y con unas ganas enormes de comentar sus experiencias", destacan.

"Esta historia tiene que ser contada y explicada, porque las familias con esta problemática necesitamos tener referencias y conocer las vivencias de otras en nuestra misma situación. Con las experiencias de todos sumamos un futuro mejor para nuestros hijos", concluye el padre de Célia.

Y es que Célia, a pesar de su alergia, ha vivido una experiencia muy enriquecedora, del mismo modo que lo puede hacer cualquier otro niño o adolescente. Con información, prevención y confianza de todas las partes implicadas, los niños con alergia a alimentos pueden desarrollar sus actividades y ser tan plenos como cualquier otro.

 "Nos sentimos muy orgullosos de Célia y de su familia, como miembros de la asociación y como ejemplos de superación que puede inspirar a muchas otras. También del profesorado que ha intervenido en ese programa y ha sabido preocuparse e informarse", destaca Ángel Sánchez, presidente de AEPNAA. "Tenemos que hacer que la sociedad entienda estos mensajes, que conozca más y mejor la problemática que viven todos los niños y adolescentes con alergias alimentarias en edad escolar. Todas las partes han de hacer un esfuerzo para que puedan desarrollar sus actividades fuera de casa o incluso en el extranjero, como en este caso, con la misma seguridad que cualquier otro".

 

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